lunes, 7 de septiembre de 2009

REFLEXIONES.


Queridxs amigxs:
Reciban mis saludos y mis parabienes.
Aquí les escribo nuevamente, pero no un tema en especifico, sino más bien unas reflexiones acerca de lo que ha significado, para mí, la experiencia de tener una bitácora propia.
Han paso 28 entregas y 6 meses desde que les escribí por primera vez y debo confesarles que la experiencia no ha sido como la imagine.
Ha habido momentos de sumo estrés, a causa de la sequia mental que me invadió alguna que otra semana (y es que me había propuesto realizar una entrega semanal). Pero también ha habido momentos de exaltación y emoción (aunque ello resulte exagerado para algunos).
Hablar de exaltación y emoción no es gratuito, pues, saber que me leen (y me envían sus comentarios al blog o a mi correo personal) es bastante gratificante. Ello me exalta y me emociona, pues considero que, hasta cierto punto, somos la suma de nuestros pensamientos y nuestras reflexiones. No vayan a creer que me estoy poniendo cartesiano ("Cogito ergo sum" [pienso luego existo]), nada de eso. Simplemente dejo constancia de que nuestra toma de conciencia como individuos y como ciudadanos, se hace posible gracias a que pensamos y reflexionamos (salvo que seamos como el plancton y nos dejemos llevar por la corriente).
Que les quede claro, tener bitácora propia no ha sido fácil por varias razones.
Tratar de exponer un tema de manera sencilla y sucinta, me resulto complicado (me limito a dos hojas en word office, en arial 12, y no es mucho espacio que digamos). La rigurosidad suele ser farragosa y la precisión, prolija. Créanme cuando les digo, que he descartado innumerables borradores donde primaba lo complicado y lo extenso (si lo confieso, soy maniático). Al mismo tiempo, he tratado de no subestimar al lector, presentándolo todo como papilla de bebe, es decir, todo exagerada y abusivamente didáctico.
Igualmente, he tratado de ser, en la medida de mis posibilidades, ameno, aunque siento que no lo he logrado. Como paliativo, he tratado de no parecer un quelonio, agazapado en un puñado de temas (cual si fueran mi caparazón), y les he hablado de asuntos, en cierta medida, variopintos.
Por otro lado, he tratado de no caer en el recurso fácil, de decirles que hablo (escribo) con la verdad y la objetividad de mi lado, para ello he limitado, al máximo, el uso de dichos criterios (verdad y objetividad), no solo por que no creo en ellos (leen bien, creer como quien no cree en dios), sino, también, por que, desde el punto de vista de los estudios sociales, son criterios altamente cuestionados. Me explico.
Sobre la verdad, este criterio resulta bastante relativo, ya que lo que es verdad para una persona, no necesariamente es verdad para otra. Inclusive, para una misma persona la verdad varia y lo que se considera verdad en la juventud, no necesariamente sigue siendo verdad en la adultez (en tal caso, ninguna persona adulta juzgaría que, a pesar de no sostener más aquello que validaba en el pasado, haya vivido en el error toda su juventud).
Sobre estas cuestiones, alguien me dijo que la verdad trasciende el ámbito personal y que se refiere, también, a los hechos fácticos (Alan García es el presidente del Perú, seria un ejemplo de verdad/hecho fáctico). Sin embargo, si se admitiera semejante uso del criterio de verdad, por rigurosidad metodológica, tendríamos que excluir aquellas cuestiones que no constituyen hechos fácticos (en consecuencia, las verdades personales y religiosas ya no serian tales).
Siendo así, habría que hacer puntuales precisiones, en las que la verdad resulta válida en el ámbito ético y religioso, pero resulta inadmisible como criterio científico social. Consideremos, entonces, que la verdad es un criterio eminentemente subjetivo.
Esto último nos remite directamente a la cuestión de la objetividad, dado que lo subjetivo y lo objetivo guardan estrecha relación.
Al respecto, la realidad es tan basta y compleja que abarcarla, aprehenderla y comprenderla en su totalidad, es más que imposible. Ello se debe a que, como seres humanos, somos limitados e imperfectos. Más aún, somos, ineludiblemente, parte integral de dicha realidad, hecho por lo cual, en nuestra condición de seres sociales, estamos sujetos a las ideas y referentes ideológicos que existen en nuestra sociedad, es decir, que todas y todos nosotros nos aproximamos a nuestro entorno (lo vemos, lo interpretamos y lo conceptuamos), a través de una serie de nociones y criterios que son, indefectiblemente, de origen social.
Ser objetivo, entonces, implicaría un grado tal de abstracción de la realidad, que solo seria posible si dejáramos de ser seres humanos. Somos, inevitablemente, jueces y parte.
Por consiguiente, no hay objetividad alguna, pues contamos, ineludiblemente, con nuestras ideas y creencias culturales, con nuestro sentido común individual, los cuales, indefectiblemente, son subjetivos.
En suma, no me jacto de contarles la verdad, ni mucho menos de ser objetivo, pero siempre me he esforzado (y me seguiré esforzando) por ser razonable y coherente en mis planteamientos.
Al final, si me esfuerzo y cuento con su sacrosanta paciencia, nos seguiremos encontrando, aquí, por otros seis meses más, en su bitácora uranista.

Gracias por soportarme, me despido.

Ho Amat y León.

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