lunes, 1 de junio de 2009

PELO.

Queridxs amigxs:
Reciban mis saludos y mis mejores deseos.
Les contare que, desde los 25 años, tengo lo que se denomina calvicie prematura, por ese motivo, mi sobrino me dice pelonchas y hace poco por la calle, un grupo de malandros me grito cabeza de pinga.
He aprendido a vivir con más de cuatro dedos de frente y me gusta, tal es así que de vez en cuando, me afeito la cabeza. Como anécdota les cuento también, que un amigo, la primera vez que me vio rapado, froto mi cabeza y exclamo: ¡deseo, deseo, un hombre pingón, que me quiera un montón! Mi consecuente ataque de risa si que duro.
Notaran que líneas arriba escribí, que había aprendido a vivir con mi calva, pelada, frentaza o como mejor quieran llamarla y es que les confieso, que asumir la calvicie fue bastante jodido.
Ahora se que ser pelón es tan igual a ser cabelludo, pero en la sociedad en que vivimos no se opina así. Para la sociedad de consumo en la que vivimos, que es el que ha establecido el estereotipo de belleza predominante, la lindura, la guapura o la hermosura van de la mano con una frondosa cabellera.
En este punto, algunos dirán que la calvicie es sexy, pero no nos engañemos ni seamos farsantes, los que sostienen aquello no son precisamente calvos, mientras los pelados notamos de inmediato, que por todas partes encontramos alusiones a la calvicie como problema o enfermedad, razón por la cual, hay pelucas, injertos de cabello e innumerables tratamientos para detener y revertir el crecimiento de nuestras frentazas.

Ser pelón, entonces, tiene su gracia. No me preocupo por los peinados, por el cuidado del cabello o por la caspa, además, mucha gente gusta de los calvitos y por si fuera poco, corre el rumor de que somos muy buenos amantes.
Siendo así, la causa de la calvicie no es médica precisamente, es una condición más de nuestra propia humanidad.
Al respecto, siguiendo la historia evolutiva del ser humano, los primeros homínidos eran tan peludos como los simios, al extremo de que a simple vista, no se hubieran podido diferenciar unos de otros.
Entre las varias características que fueron diferenciando, progresivamente, a póngidos de homínidos, se pueden citar: el bipedismo, el crecimiento del cerebro, la pérdida de pilosidad, etc. Sobre esta última característica, los homínidos pasaron de ser peludos como chimpancés a ser pelados como perros calatos peruanos y según los estudiosos de la evolución humana, el futuro de la especie es ser completamente lampiña y calva.
Pero ¿Por qué los homínidos perdieron pilosidad? De acuerdo a la paleoantropología, los homínidos que vivían en la calurosa sabana africana, desarrollaron como ventaja evolutiva la sudoración y la lampiñez.
Considérese entonces, que los mamíferos corredores (tanto predadores como presas), no pueden regular la temperatura de su cuerpo mientras se encuentran en carrera, por lo que, para ventilarse, necesitan desacelerar, ir a trote o detenerse para jadear (es decir, que la regulación de la temperatura se da a través del sistema respiratorio). Los mamíferos corredores no pueden jadear mientras corren y si no se ventilan, colapsarían por acaloramiento.
Los homínidos, en tanto predadores, cazadores, al perder pelo y desarrollar glándulas sudoríparas, no necesitaban detenerse, para ventilarse, en sus persecuciones de caza, pues su lampiñez los mantenía frescos y el sudor eliminaba el calor.
En este contexto, el cabello es el último vestigio de nuestro antiguo pelaje. Pero, ¿por qué ese último vestigio de pilosidad está en la cabeza y no en otra parte del cuerpo? Simple, existe algo llamado estaciones, donde en verano hace calor y en invierno hace frio (y puede agregarse que a través del tiempo, ha habido edades calurosas y edades gélidas).
Los homínidos (contándonos a nosotros los humanos) han sido y son susceptibles a estos vaivenes del clima, pues la falta de pelaje conlleva, a que el calor del cuerpo se pierda poniéndonos a merced del frio. La mayor parte del calor corporal se escapa por la cabeza y a causa de ello, la cabellera devino en un modo natural de protección.

Más la invención de protección artificial contra el frio (léase ropa o vestimenta), solo ha acelerado la perdida de pilosidad (hecho que corroboran los dermatólogos cuando sostienen que, tras declarada la calva, los pañolones, gorros y sombreros solo contribuyen a la perdida de cabello). Al final, la lampiñez y la calvicie completa serán inexorables para toda la humanidad.
Por lo tanto, ser calvo, pelado o frentón es lo más natural del mundo, incluso, siguiendo lo antes expuesto, podría jactarme diciendo que mi cabeza, al estar pelona, es indicativo de estar alguito más distanciado de los simios, que el resto de los que ostentan una frondosa cabellera.Sin embargo, el pelo que me falta en la cabeza, me sobra en el resto del cuerpo, razón por la cual, soy tan “mono” como cualquier cabelludo.
Se despide su amigo uranista.

Ho.

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