Queridas amistades:
Los saludos y les envió mis mejores deseos.
Me confieso ante uds. Hasta mi adolescencia jugaba futbol, no era ni bueno ni mal, y en muy contadas ocasiones llegue a meter algunos goles.
Los saludos y les envió mis mejores deseos.
Me confieso ante uds. Hasta mi adolescencia jugaba futbol, no era ni bueno ni mal, y en muy contadas ocasiones llegue a meter algunos goles.
También confieso que me gustaba, al grado de ver los mundiales de España 82 y México 86.
Italia 90 fue el clímax de mi afición, ya que me sople todos los partidos sin excepción y recuerdo que los disfrute.
Con respecto a los campeonatos nacionales, fui “fan” de un equipo de la capital y en contadas ocasiones, lo fui a ver al estadio (cuando jugó con equipos “grandes”). Me gustaba tanto el futbol, que papá llegó a ofrecerme el llevarme al mundial de EE.UU. 94.
Más todo cambió cuando empecé a notar un trasfondo que antes me resultaba inadvertido: que en mi país el futbol es bastante mediocre (por no decir malísimo). Peor aún, el campeonato de primera división era para llorar, era y todavía es de los peores de Latinoamérica. En cuanto a la selección nacional, es tan mala que mi país no pisa un mundial desde el año 82.
Actualmente el futbol no me gusta, pero lejos de ser ello un sentimiento generalizado (por lo malo del futbol patrio), pareciera que entre peor se juega, dicho deporta acrecienta la cantidad de aficionados (puritito masoquismo).
El asunto alcanza ribetes de alienación, pues a pesar de lo malo que somos, muchas y muchos aficionados, que ignorando los partidos y jugadores de equipos menores, se saben incluso las fechas de los partidos y los nombres de decenas de jugadores de las ligas de Inglaterra, Alemania, España, Italia, Brasil o Argentina (aún cuando no conozcan el idioma del país y la pronunciación de tales nombres).
Se también de muchas y muchos aficionados futboleros que ni siquiera saben los equipos que juegan en la segunda división de mi país, pero si saben el nombre de todos los equipos de alguna liga extranjera, aún sin saber a qué ciudad o localidad representan (por ejemplo, afirman ser hincas del SV Werder Bremen y difícilmente ubican en un mapa alemán, donde queda la ciudad de Brema).
En estos días el asunto se torna más desopilante, pues pronto se inicia el mundial de Sudáfrica 10 y las y los aficionados, por un mes entero, se prenderán de televisión, radio e internet, para ver todos los partidos sin excepción, así juegue países que les resulten desconocidos y de los que no sepan cuál sea su locación.
Y la cosa se pone color de hormiga, ya que para aquellos que dejamos, por cuestiones de salud mental, la afición al futbol, las fechas de los campeonatos locales, regionales o mundiales se torna insufribles, pues en estos días el chovinismo hace su aparición a extremos verdaderamente superlativos.
En dichas fechas, las frases penosas e inaguantables no se hacen esperar y se escucha por todos lados despropósitos del calibre de: “el equipo es un sentimiento”, “el amor a la camiseta” o, refiriéndose a la selección, “la representación patriótica o nacional” (y yo que a duras penas me siento representado por el ministro de RR.EE. de mi país y las y los aficionados futboleros se desgarran las vestiduras por 11 sujetos a quienes ni conocen y que, a fin de cuentas, solo disputan un juego trivial).
Pasando a otro nivel, si nos tornamos un poco más “conscientes”, sabemos que muchas de las grandes organizaciones deportivas nacionales e internacionales (como la COI o la FIFA), están profundamente corrompidas.
Ergo, cada vez que vamos a los partidos futbolísticos o los vemos por la tele, o los escuchamos por la radio, etc., partidos ya sean de clubes locales, de las federaciones de futbol nacionales o del mundial de la FIFA (entidades denunciadas por diversas corruptelas), estamos no solo avalando la corrupción de semejantes entidades desprestigiadas, sino que, además, estamos contribuyendo, ciegamente, al enriquecimiento de sus dirigentes corruptos.
Por estas y otras razones, hace mucho tiempo que dejé de gustar del futbol y cada vez que me topo con las y los alienados, chovinistas e inconscientes aficionados, no sé si rabiar, llorar o huir de espanto, pues dichas y dichos aficionados están verdaderamente convencidos, de que si una o uno no gusta del futbol, es porque algo anda mal en nuestro interior.
Es en estos momentos que temo tanto por mi cordura como por la cordura ajena, pues con un mes escuchando a estas ordalías futboleras, apoyadas por todos los medios de comunicación (y aquí nadie cuestiona la labor atarantadora de dichos medios) y todas las empresas de merchandising involucradas, quedan demostrados los niveles de irracionalidad a los que nos empuja la omnipresente sociedad de consumo en la que vivimos inmersos.
No me queda más que esperar a julio y celebrar entonces, el haber sobrevivido a otro mundial.
Se despide su amigo uranista.
Ho.
Imágenes.
1. Foto tomada de: es.wikipedia.org
2. Imagen tomada de: afichesfutbol.com.ar

