lunes, 6 de julio de 2009

PEDOFILIA Y PEDERASTIA.

Queridxs amigxs:
Reciban mis más cordiales saludos y parabienes.

Tras la muerte de Michael Jackson, las reconstrucciones biográficas no se hicieron esperar. Claro esta que cierta prensa sesgada, ha decidido omitir intencionalmente, todo aquello que en los 90’s y 00’s llegó a eclipsar su carrera musical. Cuéntese, el fracaso comercial de los discos que siguieron a Dangerous (1991), sus problemas financieros, su peleas con su hermana Latoya y con el ex Beatles Paul McCartney, su pedofilia, etc.

No digo que hay que regodearnos con sus miserias, pero tampoco me parece que se le eleve a los altares, invisibilizando, por ejemplo, sus gustos pedófilos.
Aquí, sin embargo, discrepo con aquellos que lo señalan como un monstruo abusador de menores (líneas abajo explicaré el porque).
Así como no es lo mismo pederasta y homosexual (muchos diccionarios de habla española los definen como sinónimos), tampoco es lo mismo pedófilx y pederasta.
Lamentablemente, para el pensamiento común de la gente, pedofilia y pederastia es lo mismo y explicar, cuales son las diferencias entre una y otra, no resulta tarea sencilla, debido, principalmente, a que la visión sexofóbica que impera en las sociedades occidentales (y en las occidentalizadas como las de Latinoamérica), sataniza cualquier manifestación sexual distinta a la heteronormativa (heteronormatividad según la cual, se negativiza el sexo intergeneracional y se desconoce la sexualidad ancianil y la gerontofilia).
Para entender cuales son y en que consisten las diferencias entre pedofilia y pederastia, es necesario un gran esfuerzo para ensanchar y ampliar nuestros criterios (tener mente abierta).
Definamos, entonces, pedofilia y pederastia.
Se define como pedofilia, al gusto sexual que, con independencia a las preferencias sexuales, tienen ciertas personas adultas, hacia las personas conocidas como menores de edad.
Cabe precisar, que dentro del grupo poblacional conocido como menores de edad, se puede establecer, a grandes rasgos, dos claras subdivisiones: infantes y púberes.
Ahora, si bien en el orden legal, para muchos efectos, todas y todos los menores de edad reciben las mismas consideraciones y tratamientos, en los ordenes anatómico, fisiológico y psicológico infantes y púberes son dos grupos claramente diferenciados.
Al respecto, en el ámbito de lo sexual, todo ser humano, a través de su cuerpo y su capacidad sensorial, goza del placer y del erotismo. Dicho placer y erotismo, obviamente, no se manifiestan de la misma manera a lo largo de las diversas etapas de la vida humana. Esto quiere decir, que de bebes, de infantes, de adolescentes, de jóvenes, de adultxs o de ancianxs se disfruta del placer físico, corporal, de manera distinta; que de bebes, de infantes, de adolescentes, de jóvenes, de adultxs o de ancianxs la erotización es distinta.
Siendo así, el criterio legal que engloba a infantes y adolescentes, bajo la misma noción de menores de edad, difícilmente tiene asidero científico.
En el caso especifico de la y los adolescentes, la sexología les reconoce la capacidad de afrontar, responsablemente, el ejercicio de su sexualidad (sin pasar por alto que para ello, es necesaria una adecuada formación psicológica y emocional). Por tal motivo, en varios países del orbe, la ley reconoce que las y los adolescentes, tienen derecho a tener sexo con las personas que elijan, algo a lo que se oponen los sectores más patriarcales y conservadores de la sociedad.
En el caso de las y los infantes, la sexología considera que, dado su nivel de madures y conciencia, las y los niños aún se encuentran en un proceso de organización de sus placeres y de su erotismo (los que florecerían recién en la pubertad). Por lo tanto, las y los infantes difícilmente se encontrarían capacitados, para afrontar el tipo de vida sexual, que llevan el común de las y los adolescentes y adultos.
Si me he visto obligado a plantear estas cuestiones, es porque se hace necesario hacer ciertas precisiones a la noción de pedofilia.
Aquí, la distinción del sujeto de deseo sexual, establece una clara diferenciación en lo referente al sujeto deseante. Así, quien guste sexualmente de las y/o los adolescentes, es un hebéfilo o efebófilo, mientras quien guste sexualmente de las y/o los infantes es un pedófilo propiamente dicho.
Se puede establecer, ahora, cual es la diferenciación entre pedofilia y pederastia.
Ambos (pedofilxs y pederastas) gustan sexualmente de las y/o los infantes, pero la forma en que expresan ese gusto, es, precisamente, el punto que lxs diferencia.

Mientras la o el pedófilo vive su gusto de forma platónica, la o el pederasta da al cuerpo infantil, el mismo trato sexual que las y los adultos se dan entre sí. Mientras la o el pedófilo expresa su gusto en forma de halagos y caricias (algo que puede o no incomodar a la o el infante, dependiendo de su sensibilidad), la o le pederasta tiene prácticas físicas, corporales (tiene sexo) con las o los infantes.
La o el pedófilo procura no dañar al sujeto de sus afectos (si lo hace, el daño es indudablemente diferente, al que inflinge la o el pederasta). La o el pederasta es un abusador de menores, de infantes. La o el pedófilo es un perturbado mental, que necesita apoyo o ayuda psicológica o psiquiátrica (dado que las sociedades occidentales y occidentalizadas no admiten, bajo ninguna circunstancia, sus gustos sexuales). La o el pederasta es un delincuente pervertido, que merece cárcel sin ninguna contemplación.
Volviendo, entonces, al inefable Michael Jackson, si me preguntan, para mí, el sujeto era un pedófilo antes que un pederasta, ergo, merecía el sanatorio antes que la cárcel.

Sin más nada que agregar, se despide su amigo uranista.

Ho.